Amor, frio y Cupido
Fue muy poco lo que durmió, a pesar de estar en un
lecho caliente y cómodo, sus pensamientos no lo dejaron conciliar un sueño
tranquilo. Había nevado toda la noche. Por fin vio la luz del amanecer. Decidió
ir a caminar por la costanera, para despejarse. Se calzo las botas altas de
goma y una cazadora de gruesa lana.
La mañana dio paso a un hermoso día, ventoso, frio y
brillante. El cielo estaba salpicado de grandes nubes blancas, pero a lo lejos
en la línea del horizonte, podían verse nubarrones negros, acercándose
peligrosamente a la costa.
Iván pensó en apresurarse en su caminata por la playa.
El clima en invierno era traicionero, en un momento día claro y luego oscuro.
Se encamino por las callejuelas en subida hasta la
casa de sus padres, seguro de que su madre ya los estaría esperando con el
almuerzo.
Paso por los escasos locales comerciales que existen
en la calle principal.
En una vidriera del único bazar vio una linda muñeca
antigua de porcelana, de grandes ojos azules y cabellos rubios. Fue instantáneo
pensar en Lucila, ella es así como una hermosa muñeca antigua.
Desde arriba de una nube
entre negrazulada, un gordito gracioso vigila expectante a Iván, prepara su
arco y el momento justo de apuntar.
Las calles brillan bajo las luces doradas del
alumbrado público. Es la nieve, que desarmándose en miles de gotitas, se
ilumina majestuosa.
Los arboles desnudos, tiemblan bajo las ráfagas de
viento helado. Tras las celosías del ventanal, Iván, contempla las calles
vacías de humanos, sus ojos grises tratan de traspasar la ventana del frente,
del caserón de la esquina.
Sabe que Lucila a esta hora suele leer, cómodamente
sentada en su pequeño sofá. Puede describir cada rincón, cada centímetro de ese
cuarto. Han compartido lecturas, juegos de mesa y últimamente acciones más
osadas, que podrían encuadrarse en un amorío.
Lucila es una chiquilla enamorada, sabe que ha hecho
mal en alentarla, ¿pero como podía dejar pasar ese bocado de cardenal?. Se sabe
cruel, pero las vacaciones invernales llegan a su fin y no puede cargar su
espalda con problemas que no tendrán solución. La facultad y sus alumnos lo esperan, Lucila tendrá que
entender, que este amorío no puede subsistir en el tiempo.
“Alcanzo a ver perfilarse
la figura de Iván tras el ventanal, me gustaría llamarlo, pero abuela dice que
no es propio de una niña decente llamar a los novios.
¿Pero quien dice que soy
una niña decente? Después de todo lo vivido con Iván en este corto periodo de
vacaciones, puedo ser cualquier cosa menos decente. Yo creo que él piensa que
me sedujo, es para reír, la que llevo, todo adelante fui yo, sí, me lo propuse
como meta el último verano, cuando lo veía juguetear alegre con mi hermana.
Supe que tenía que ser mi amante, desde que tengo uso de razón. Sé que me lleva
10 años, pero siempre anhele que fuera mi primer hombre, lo he logrado. Ahora
no importa que tenga que marcharse, me olvidara, lo olvidare y seguiré en la
búsqueda de mi hombre ideal.”
Cupido ha decidido que ya es
tiempo de apuntar.
Iván pasea enloquecido el salón de una punta a la
otra, ha tratado de hacerse entender, que debe dar por terminado el amorío con
Lucila. Pero un hormigueo intenso en su estómago, le dice que no podrá ser, se
ha enamorado, no puede ser amor, ¿o sí? qué otra cosa puede ser, el ansia de
verla a diario, como ahora que espera el llamado de ella para cruzar en dos
zancadas la calle. Que podría
proponerle, que sea su novia y lo espere. No sabe por qué, eso lo incomoda,
¿querrá ella esperarlo? Es muy niña y todavía no sabe bien que quiere, si, ya
sabe que es apasionada como una mujer experimentada, y él ha sabido guiarla en
ese mundo que conoce muy bien.
Pero justamente eso es lo que lo enloquece, una niña
mujer, se cruzara y hablara con ella, si quiere venir con él, se casaran el
domingo en la misa de la
mañana. Seguro su abuela no tendrá ni un problema,
ella conoce a su familia.
Y sabe la solvencia económica de la que disfrutan.
“Lo llamare, se me está
haciendo larga la tarde sin sus caricias, me he acostumbrado a él,¿ o será que
me he enamorado? Siempre supe que era un juego, pero tiemblo de saber que debe
irse y ¿si no me dice que lo espere?
Moriría, pero lo seguiría
no me importa el que dirán, total ya tengo 18 años.
Sería un sueño que viniera
sin llamarlo y me dijera…
¡Pero es el que viene!
Está cruzando la calle, desde acá escucho los golpeteos en la puerta, bajare a
verlo.”
_¡Lucila!
_ ¡Iván!
_¿ Quieres casarte conmigo?
_Si
El frio intenso, se ha vuelto amor intenso. La nieve cada
vez más liquida sigue brillando, corriendo por las aceras vaciándose en las
alcantarillas y pronto llegando al mar cercano.
Cupido el gordito juguetón, con su arco y sus flechas,
sonríe satisfecho, una vez más ha sido certero en sus tiros.
Sonia Saavedra
19-06-2015
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