1974….Dictadura…..
Viaje por pocos días al norte del país, para hacerme
cargo de una propiedad y dejarla alquilada. Después de múltiples trámites había
conseguido el pase para viajar.
Corría el año 1974, plena dictadura, camiones de
militares recorrían contantemente la ruta. Se despedida el invierno, en la
ciudad y el mar se podía saborear la brisa primaveral.
Pero eso era solamente en la naturaleza. En los
corazones de los habitantes del país entero, brotaban lágrimas de sangre, que
tenían que saber esconder en lo más profundo. Nunca se sabía dónde había un
espía, un delator.
Me aloje donde unos amigos muy queridos, en su casa
hablamos suave, con miedo, al anochecer el toque de queda debía ser respetado,
en ello nos iba la vida.
Pensaba en lo feliz que trate de ser, a pesar de las
circunstancias personales de mi vida, en esa bella ciudad.
Viví dos años gloriosos donde hice amistades
entrañables. Yo militaba en un partido
de izquierda, era feliz, eso pensaba, un amigo argentino era el jefe de la
célula en la que militaba.
Era un hombre de mediana edad, con una hermosa
familia, la que se desangro el día del golpe de estado. A el lo capturaron y lo
fusilaron con otros compañeros. A su mujer la mataron de un disparo después de
hacer con ella todas las bajezas posibles
a un ser humano. Sus hijos pudieron huir con una tía y desaparecer para
el mundo conocido.
A mí, me aviso media hora antes de que lo capturaran y
pude huir de mi casa y esconderme donde mis amigos, que ahora visito.
Me salvo la vida, además de no pasar por todos los
infiernos que hicieron vivir a miles de mujeres, los militares.
Mi nombre y el de toda la célula habían sido borrados
por el argentino. Todavía lo recuerdo, siempre con su mate y su valija de
herramientas, el arreglaba máquinas de coser caseras.
Fue una época diáfana y romántica, a pesar de las
colas para el pan, la carne, los comestibles. Entre toda esa miseria humana, me
daba tiempo para disfrutar el mar a diario, recorría a pie 30 a 40 cuadras por la costa, dejaba llevar
mi imaginación, que ya quería relatar en papel lo vivido.
Así recordando, me despedí de mis amigos dejando la
propiedad a su cuidado.
El bus que me llevaría de vuelta a la capital, estaba
a punto de partir creí que viajaría sola, a último momento llego un señor a ocupar
el lugar.
Era realmente un señor, de cabello entrecano, finos
bigotes y mirada clara.
Se presentó como José De Sousa, capitán de un navío de
comercio, atracado en Valparaíso esperándolo para partir. De entrada me cautivo
su vos, su acento, poco entendí el por qué viajaba en bus, algo me dijo de no
poder conseguir un pasaje de avión.
Y siguió hablando, dijo que le había impactado verme,
porque era el vivo retrato de su esposa fallecida en Manila.
Aunque de más edad me dijo, ya que él me doblaba
largamente en años.
Me conto que su esposa solía esperarlo en su casa de
Tenerife Islas Canarias. La que estaba enclavada en lo alto de una colina,
desde donde de un balcón se divisa toda
la costa y el mar.
Yo escuchaba anonadada, me parecía ver el lugar, con tal
lujo de detalles lo relataba. Me conto que ella murió en un parto prematuro, por una caída y él no se
encontraba con ella, por lo cual no tenía hijos porque jamás había vuelto a
llevar una mujer a su casa.
Escuche largamente sus aventuras en diversos mares y
puertos, pero luego ,me dijo ahora tiene que contarme su historia,¿ que hace
viajando en medio de un estado de sitio?. Todo esto en la semi penumbra del
bus, ¿qué me movió a contar todo lo que hasta mis 23 años había vivido?
Seguramente el pensar que nunca más lo vería, solo
eran unas veinte horas de viaje lo que compartiríamos.
Y le conté mi historia, en algunos instantes entre
sollozos, en otra entre sonrisas, hable por más de tres horas seguidas. En un
momento vi brillar lágrimas en sus ojos, siempre fue un señor, solo un suave
apretón en mi mano, cuando termine de hablar.
Luego me hizo la más bella propuesta que he recibido
en mi vida.
-¿Quiere venir a mi casa como mi esposa? Ya sé que
soy mayor que usted, solo será para que
nos acompañemos, yo paso viajando la mayoría del tiempo, usted será la reina de
mi casa y podrá hacer lo que quiera mientras yo no este.
Me quede muda y le sonreí entre lágrimas, gracias le
dije, tratare en lo posible de ir con usted.
Me dio todos los detalles del barco que partiría
dentro de tres días, llevó mi nombre y número de documento, para hacer todos
los papeles.
Me esperaría dentro de dos días en la puerta de la
Iglesia San Francisco, a las tres de la tarde.
Cuando llegamos a la terminal nos despedimos con un
abrazo, yo creía firmemente, que lo esperaría en el lugar de la cita.
Pero después que se alejó, volví a la realidad y no fui al encuentro.
Me he arrepentido mil veces, deje pasar una oportunidad única.
Al mes de la fecha del fallido encuentro, llego a mi
casa un paquete a mi nombre, era un libro de poemas de Lorca, poeta que le
había dicho me gustaba mucho.
La dedicatoria me decía que me había esperado y que
entendía que no hubiera ido, solo que él pensaba que había perdido nuevamente a
su amada, que me recordaría cada día que le quedara de vida, me deseaba una
vida luminosa y sobre todo, me dijo que rompiera mis cadenas.
Eso sí lo hice y por eso mismo, puedo hoy escribir
estas líneas.
Sonia Saavedra 31-08-2015
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